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Los
zapatos de tacón alto de aguja

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Datos ténicos |

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| Título: |
Los
zapatos de tacón alto |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Sara |
| Actores: |
Sara,
Karina |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Erótico |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
Relato
Empezaré diciendo. ¡Qué me gustan! Me encantan los zapatos de tacón alto y en especial las sandalias que dejan al descubierto casi la totalidad del pie. En cuanto veo una mujer con esa clase de zapatos me pongo en evidencia, ya que no puedo remediar mirarlos y a la postre mirarla a ella. Estoy escribiendo y me estoy acordando de sus pies calzados con unas sandalias de tacón alto de aguja, que le hacían lucir unas piernas monumentales. Por lo visto iban de fiesta, ya que llevaba un precioso vestido de noche, al salir del ascensor me los he tropezado y he saludado dando las buenas noches. Ella ha contestado, me ha mirado fijamente a los ojos y ha sonreído, él ni siquiera se ha dado cuenta que salía, parece un creído y además mal educado ¡No ha devuelto el saludo! ¡Me es indiferente! No me gustan los hombres ¡Me encantan las mujeres! Llevo tiempo observando a mi vecina, cada vez que la veo lleva unos zapatos de tacón alto diferentes. Por lo que entiendo que también es una enamorada de esta clase de calzado. Desde ahora, y como objetivo me propongo seducirla, aún no sé ni como se llama, tan sólo sé que vive en el piso frente al mío. Puedo chocar con una montaña, pero aun así intentare hacerme su amiga ¡Quién sabe! En un futuro hasta puedo hacer el amor con ella ¡No adelantes acontecimientos Karina! ¡Tienes mucha imaginación amiga!
Al día siguiente de prometerme que seduciría a mi vecina, pasé a la ejecución del plan en su fase primera ¡Averiguar su nombre! Llamo a la puerta y por el interfono una voz grave contesta:
-¿Quién es? ¿Qué quiere a estas horas?
¡Qué fastidio! He empezado con mal pie, en lugar de salir la vecina, ha salido el energúmeno y maleducado de su marido y casi no he sabido reaccionar:
-Soy la vecina de enfrente ¿Está su esposa? Necesito que me deje un poco de azúcar, se me ha olvidado comprar.
-No, no está. No moleste más. Si quiere azúcar ¡Cómprela!
-¡Gracias muy amable!
Joder... joder... ¡Qué tío, es un déspota! Me parece que mi vecina no debe estar pasándolo muy bien con semejante sujeto ¡Qué fiera! Me ha mandado a comprar azúcar, aunque en realidad me quería mandar más allá del quinto pino. ¡Por no decir mierda! Todavía me tiemblan las piernas. He entrado en casa y me he tomado el café amargo, aunque tenía azúcar. Pero he preferido tomarlo sin ella para despertar del fracaso y olvidarme de las palabras cruzadas con semejante individuo. Llaman a la puerta, yo no tengo interfono de rellano, por lo tanto miro por la mirilla:
-Hola, soy tu vecina de la puerta de enfrente. Te he sentido hablar por el interfono, toma te traigo el azúcar que pedías. –Me ha dicho hablando en voz muy baja, y sin dejarme hablar, corriendo se ha marchado-
-¡Gracias vecina, muy amable!
Por la forma extraña de actuar de mi vecina, pareciera que su marido la tiene secuestrada o como mínimo dominada. La verdad es que en el tiempo que hace que viven en este edificio nunca les he sentido discutir ¡Qué extraño! ¡Rara pareja! Sé que soy una cotilla ¡Lo reconozco! El comportamiento de esta mujer denota estar sometida y tener miedo del marido, de lo contrario hubiera hablado conmigo. Ahora mi plan queda frustrado, ya no me atrevo a llamar a la puerta, no sea que ella pague las consecuencias de mi curiosidad.
Desde que hace tres días mi hermosa vecina viniera a traerme el azúcar que tan amablemente su marido me negó, no la he vuelto a ver, ni he escuchado la puerta, Es muy extraño y empiezo a estar preocupada. Llamaré y le devolveré el recipiente:
-¿Quién es?
-Soy la vecina de enfrente ¿Está su mujer?
-Un momento ahora sale.
Este sujeto me pone nerviosa, aunque hoy no me ha contestado de mala manera y estoy sorprendida de que su mujer salga para atenderme:
-Hola ¿Dígame? ¿Qué le trae por aquí?
No sé que es lo que pasa en esta casa, pero la cosa es grave o cuanto menos sorprendente, la mujer que ha salido no tiene nada que ver con la mujer que vi al salir del ascensor o la que me trajo apresuradamente el azúcar. ¡Ay, que tonta que soy! Esta mujer debe ser la criada:
-Buenos días ¿Está la Señora?
-¿Qué señora...? En esta casa la única mujer que vive soy yo ¿Dígame qué desea?
-¡Perdone, me he debido equivocar de puerta!
Acalorada, temblando y extrañada entré en casa, no entendía que era lo que sucedía en esa casa. ¡Qué ingenua! La chica del ascensor sería una amante que en ausencia de la mujer vive con semejante sujeto ¡Qué cosas! Pero aun así, la hermosa chica de los zapatos de tacón alto se comportó de manera extraña. Desde hoy mi objetivo será observar la puerta desde la mirilla. ¡Tengo una idea! Colocaré una cámara de vigilancia para ver quien sale o entra a la casa ¡Me convertiré en Karina la investigadora!
Coloqué una micro-cámara conectada al ordenador personal y la tengo visualizada en un segundo monitor, al tiempo que trabajo puedo ver todo el rellano, cuando alguien pasa un pitido me avisa. Pasaron los días y cada vez estaba más y más obsesionada por lo que estaba pasando, a él lo veía salir, entrar y volver a salir. Pero a ella, a ninguna de ellas las he vuelto a ver. De momento me tengo que conformar con ver en Internet a chicas hermosas y otras no tanto, luciendo en sus pies preciosos zapatos y sandalias de tacón alto. ¡Qué viciosa que soy! No me da vergüenza el reconocerlo, ver los pies de las mujeres enfundados en esos preciosos zapatos hace que me excite y muchas veces acabo masturbándome frente al ordenador. Alguien llega, por fin es... se dirige a mi puerta, toca el timbre:
-Hola vecina ¡Hace días que no te veo! ¿Puedes hablar hoy?
-Sí, hoy no está mi marido, está de viaje toda la semana vuelve el miércoles. Yo acabo de llegar y he perdido las llaves de mi piso ¿Puedo quedarme estos días en tu casa?
Es todo muy raro, ella sale de viaje, ella no es la esposa, el sale de viaje, ella vuelve, pierde las llaves y no hay nadie en casa y yo me pregunto ¿Quién es ella? ¿Qué es él? ¿Qué pinta la otra mujer que salió el otro día? Esto es un verdadero lío. Antes de aceptarla en casa le haré algunas preguntas:
-Vecina en primer lugar ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Karina.
-Yo me llamo Sara y soy auxiliar de vuelo, sí, eso que normalmente se denomina azafata.
Para presentarnos nos dimos un besoen cada mejilla como normalmente hacemos las mujeres. Me he separado un poco de ella para mirarla de arriba abajo, clavando mi mirada en sus pies que como siempre están calzados por unos zapatos de tacón alto, que no creo que sean los reglamentarios de la indumentaria de una azafata de vuelo, les hace lucir unas magníficas piernas. Le digo:
-Siéntate Sara. Tengo una duda ¡Creerás que soy una cotilla! Pero es que en tu casa he observado cosas muy raras ¡Tu marido es grosero y muy raro! ¿Quién es la mujer que vive en tu casa cuando tú no estás? Dice que es la única señora que hay en esa casa.
-Karina esa es la hermana de mi marido, la trajo a vivir con nosotros para que en su ausencia me vigilara ¡Está mal de la cabeza! Se cree la mujer de mi marido, Ahora está en casa, pero me da miedo estar a solas con ella, ya que me tiene celos. ¡Veo que no te fías de mí!
-Sara, no lo tomes a mal, es muy raro lo que he visto estos días. ¿Eres feliz viviendo con ellos?
-Te seré sincera, no, no soy feliz, vivo con ellos porque estoy aterrorizada. Mi marido es un piloto de avión y algo mafioso, me tiene amenazada de muerte si le abandono. De hecho tengo las llaves de mi casa pero como él no está no me atrevo a entrar ¡Su hermana me da pánico! ¡Deja que me quede estos días en tu casa! Te prometo que no seré ningún estorbo.
Sara como siempre que la he visto y para no variar luce esplendida, el traje de azafata le queda de alucine y con los zapatos que lleva puestos le hace sus piernas excitantes, sentada en la posición en la que está puedo ver parte de sus muslos, no quiero mirarlos no sea que se asuste y se marche:
-Te puedes quedar el tiempo que sea necesario. Espero no tener problemas con tu marido. Sara una pregunta más ¿Te pega por casualidad tu marido?
-No, de momento nunca lo ha hecho. Su técnica es la de atemorizar y agredir psicológicamente ¡Se cree superior en todas y cada una de las cosas que hace!
-¿Por qué sigues viviendo con él? Denúncialo si te amenaza y luego sepárate legalmente, no tienes porque soportar que te domine. ¡Ven te enseñaré tu habitación!
La he instalado en una habitación que tengo dispuesta para los invitados, le dicho que puede sacar la ropa y ponerla en el armario para que no se le arrugue. Como soy muy morbosa, cuando tengo alguna visita las grabo en vídeo cuando están en la habitación, con una micro-cámara conectada al ordenador que tengo en mi habitación que es contigua. Me lo paso bomba con las cosas que hacen ya que cada persona tiene sus manías ¡Es genial, disfruto viéndolas! ¡Lo conseguisteis, ya lo he dicho! Soy lesbiana, fetichista y voyeur. ¿Pasa algo, nos vemos en la calle? ¡Qué dices Karina, no deseas pendenciera! No lo puedo remediar, estoy hablando de Sara y de pronto me pongo a divagar y a contar mi vida íntima ¡Qué os importará! Deseando que se acusete le digo:
-¡Estarás cansada y tendrás ganas de dormir! En esta habitación lo harás de maravilla, si necesitas algo no tienes más que decirlo.
-¡Gracias Karina! Estoy cansada pero me gustaría estar un rato contigo por ejemplo viendo la tele sentadas en el sofá. ¿Puedo darme una ducha?
-¡Cómo no Sara, perdona por no habértela ofrecido! Ven te digo donde está el cuarto de baño.
No hube terminado la frase, ven te digo... Cuando Sara ya se había bajado la falda y casi despojado de la blusa del uniforme, quedó ante mí en bragas y sujetador, que junto con los zapatos de tacón de aguja y las medias le hacían parecer una modelo de lencería íntima para la mujer. Mi corazón palpitaba, si hubiera tenido pene, en ese momento se hubiera despertado ¡No lo tengo! En su lugar tengo un hermoso clítoris del que noto su dureza empujando contra mis bragas:
-¿Qué hermosa eres Sara?
-¡Gracias Karina, tú también lo eres! ¿Te incomoda el verme así?
-Para nada, estás esplendida vestida así. Te puedes vestir todo lo cómoda que desees.
Era como un sueño, yo quería conocer hace unos días el nombre de Sara, y hoy la tengo delante de mí luciendo su escultural y excitante cuerpo ¡Qué alegría! Hasta he olvidado al marido que por lo visto es celoso y además un poco mafioso. Espero que no se entere nunca de que su mujer está aquí ¡Esto me hace pensar! ¿Cómo justificará su ausencia de estos días que pase en mi casa? ¡No pienses y disfruta del momento, amiga Karina! La he dejado en el cuarto de bajo indicándole el lugar donde tengo las toallas y no la he querido espiar, para que no se esfume mi fantasía de verla desnuda. Me marcho del cuarto de baño diciéndole:
-Sara, te espero en el salón.
-¡Vale Karina! Enseguida acabo, me cambio y estoy contigo.
Como dicen en alguna película que he visto ¡Esto puede ser el principio de una larga amistad! Mientras Sara se duchaba y se cambiaba, yo aproveché para preparar un poco de comer:
-Ya estoy aquí, ¿He tardado mucho?
-No Sara, apenas me ha dado tiempo de preparar esto para picar ¿Qué quieres de beber?
-Si tienes cerveza, ¡Una cerveza por favor!
De camino al frigorífico iba imaginándome como sería Sara en la cama con los hombres, y sobre todo mi fijación estaba centrada en si le gustarían las mujeres. Hoy no intentaré nada y observaré sus gestos:
-Karina. ¿Te gusta el pijama que llevo puesto? Lo he comprado en Japón.
-Es precioso Sara y parece ser cómodo y de un tacto muy fresco, estás hermosa con él.
-Tiene un tacto muy suave ¡Toma este es para ti! Cuando lo compré pensé en ti y te compré uno.
-¡Gracias, qué detalle! ¿Te acordaste de mí en Japón? ¡Es un verdadero honor ser recordada por una mujer tan hermosa como tú!
No tenía la certeza de que ese pijama fuera adquirido para mí, pero me daba igual, el detalle era digno de ser elogiado y agradecido, eso hice. Rauda fui a mi habitación y me coloqué el pijama, su tacto era verdaderamente excitante como ella decía, pero lo que más sensual resultaba era el calzado que se había colocado. Yo la imité y me puse unas sandalias de tacón alto que dejaban mis pies casi al descubierto:
-¿Te gusta como me queda Sara?
-¡Tú si que eres hermosa! Te queda clavado y con esos zapatos estás muy excitante.
-¿Te gustan mis zapatos? A mí me encantan los tuyos ¡Sara!
Las dos calzamos un 37 y decidimos intercambiar el nuestros zapatos de tacón alto, ella pudo acariciar mis pies y yo los de ella, una cosa llevó a la otra y terminamos la noche haciendo el amor en mi habitación. Desde ese día somos amantes, la comparto con el malasombra de su mafioso marido, al que soporta apoyándose en mí. Somos muy felices, y compartimos fantasías y aficiones, sobre todo compartimos nuestro gusto por los zapatos de tacón alto.
Por ahora no cuento más... Algún día contaré alguna de mis fantasías compartidas con mi amante imaginaria Sara... ¿Continuará...? ¡No lo sé, depende de Sara!
*-*-*
Sigue
Denominación de la RAE
de Género
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