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Relato Me alucina ir de viaje al
pueblo donde nació mi madre porque conozco varias chicas con las que de
vez en cuando mantengo relaciones sexuales. Pero sobre todo me encanta ir
debido que allí vive mi tía Teresa. Una mujer encantadora con una piel
blanca y suave que mide aproximadamente Desde que tengo uso de
razón recuerdo que siempre he pasado los veranos en la casa de mis
abuelos maternos, ahora en la actualidad, la casa de mi tía. Cuando
contaba con diez años, la tía Teresa ya tenía 30, treinta espléndidos
años que a mí me atraían sobremanera, no perdía la ocasión de
espiarla, aunque nunca pasé de verle mas allá de los muslos de sus
bonitas y largas y blancas piernas, eso me bastaba para tener pensamientos
eróticos, aunque en aquellos tiempos no sabía ni que existía semejante
palabra. El caso es que todos y cada uno de los veranos que he pasado en
esa casa, han sido un verdadero placer para mí. Hoy en día, a punto de
cumplir 40 años fui invitado por mi tía a pasar unos días en su
agradable casa, invitación que acepté ya que estaba bajo de moral.
Estaba pasando una época muy melancólica debido a mi reciente divorcio,
y esa invitación me serviría para olvidar a la que hasta ahora había
sido mi compañera. Emprendí el viaje rumbo
al pueblo, era un puente largo que duraba 5 días, días que dedicaría al
descanso y la reflexión. Las cinco de la tarde, llego a casa de la tía
Teresa, toco al timbre y espero unos segundos, no abre la puerta ¡Qué
raro! Le dije que llegaría entre las 5 y las 6 de la tarde, Vuelvo a
tocar el timbre y como no sale nadie para abrir, pongo la oreja sobre la
puerta para escuchar los sonidos del interior, se percibe música, pero no
tan alta como para que Teresa, su marido o su hija no me escuchen ¿Qué
pasa? Seguramente habrán salido para hacer algunas compras y se han
olvidado la música puesta. Tocaré una última vez, y si no sale nadie me
iré a la cafetería de la esquina y me tomaré un café... ring, ring...
se oye alguien tras la puerta: -Hola tía Teresa ¿Cómo estás? He tocado varias veces, pensaba que no había nadie. -Muy bien, acabada de
salir de la ducha. No te esperaba tan temprano y he aprovechado para
refrescarme un poco. Con el ruido del agua no he sentido el timbre, ¡perdona! Ahora entendía la
tardanza para abrir la puerta, lo que no entendía es como que ni su
marido, ni su hija estaban en casa, ya que yo venía de viaje. Era una
cosa muy rara porque tanto su marido Luís (mi tío político) como mi
prima Elena son dos personas que siempre se alegran mucho de verme, le
pregunto: -¿Dónde están Luís y Elena? Tengo ganas de verlos para darles un abrazo. -Están de viaje Marco.
Ya sabes que trabajan en la misma empresa y han tenido que ir a la central
de California. Por lo tanto tenemos la casa para nosotros solos. Elena, mi prima es una
mujer de 29 años que ya a su edad es ejecutiva en la empresa
multinacional en la que trabaja con su padre, trabajan en el mismo
departamento. Suelen viajar mucho y por lo tanto mi tía Teresa queda
desde hace algunos años sola en muchas ocasiones: -¿Cuándo volverán? -Creo que estarán fuera 15 días. Pasa y siéntate, ¿Estarás cansado del viaje? -Sí, un poco fatigado si que estoy, la carretera me puede. Perdona un momento que me estoy haciendo pis, ¡voy al cuarto de baño! -No te preocupes, te
espero. Cuando regresé del
cuarto de baño, pasamos al salón y me senté en el sofá, ella se sentó
justo a mi lado. Nunca hasta ese momento me había fijado en mi tía como
mujer. Era la hermana de mi madre y eso era sagrado para mí, le tenía un
gran respeto, aunque de pequeño como ya he contado me gustaba espiarla, y
alguna que otra paja me hice pesando en ella, ¡no era para menos! Cuando
se sentó, no pude evitarlo, mis ojos se clavaron en sus blancas piernas,
concretamente en sus ingles que pude verle debido a la apertura de la bata
de baño que llevaba puesta, ella se percató, recogió la bata tapándose
y comentó: -¿Quieres ducharte y ponerte cómodo? Estarás cansado del viaje. -Sí, me apetece mucho una ducha para relajarme ¿No te importa? -Al contrario Marco,
aprovecharé para vestirme, debajo de la bata no llevo nada puesto. Cuando me dirigía hacia
el cuarto de baño me percaté de que mi tía no actuaba tan recatadamente
como tiempo atrás ¡Algo sucede! ¿Qué será? Daré tiempo al tiempo, de
momento me ducharé sin pensar en nada ni en nadie ¡Para qué! Aunque
estaba excitado por la mínima visión de la entrepierna de mi tía, me
pude controlar, abrí el grifo del agua fría, el agua se encargó de
enfriar mis pensamientos... Una vez terminada mi sesión
de ducha relajante, volví a la sala de estar, allí mi tía esperaba
leyendo lo que parecía ser una revista del corazón (prensa rosa), se
dirige a mí diciendo: -Marcos ¿Te apetece salir a cenar a un restaurante? -Sí tía, lo que tu desees. Tú mandas, estás en tu casa. -¡Vale, ponte guapo! Siguiendo los deseos de
mi tía Teresa fui a mi habitación y me puse la ropa mejor que traía
para pasar los cinco días, me afeité y me perfumé para la ocasión y en
quince minutos terminé y me fui a sentar en el salón a esperar a mi tía.
La espera fue como es natural larga, ya que las mujeres ¡Algunas mujeres!
Necesitan muchísimo más tiempo para acicalarse. Pero les aseguro que la
espera mereció la pena ¡Qué mujer! De natural es guapa, pero ataviada
¡Es bellísima! ¿Es amor de sobrino? No, sí, la verdad es que es una
hermosísima mujer, le digo: -Teresa ¡Estás guapísima, sino fueras mi tía! -¡No seas adulador! Soy una vieja, resultona, pero vieja. -¡Vieja! Ya quisieran muchas jóvenes lucir tu hermoso cuerpo. -Que amable eres Marco ¿Te
gusta el vestido que me he puesto? Era un vestido rojo de
gasa con vuelos sujetado por dos tiras finas cruzadas por los pechos ¡Qué
escote! Sus pequeños pero turgentes senos lucían provocadores sujetados
por el sostén de encajes del mismo color, las espalda al aire casi hasta
el talle. Era un vestido de noche realmente espectacular, al que acompañaba
unos zapatos de tacón de aguja que hacían que sus piernas parecieran
interminables ¡Con viejas atractivas como esta! Me sobran las jóvenes,
le contesto: -No sólo me gusta, me excita ¡Qué rabia que seas mi tía! -No te preocupes, Durante todo el día de hoy no serás mi sobrino, serás mi marido ¿Qué te parece la idea? -Me parece muy buena idea ¿Pero marido con todas las consecuencias? -Con todas Marco, con
todas. Teresa, mi tía estaba
cachonda o estaba aburrida por el abandono constante de su marido y veía
en mí una pareja de una noche. Era mucho el respeto que le procesaba,
pero también era mucho el aprecio que le tenía como para dejar a una
hembra como mi tía abandonada a su suerte, así que decidí seguirle la
broma: -Teresa, me apetece darte un beso ¿Me dejas? -Sí, ¿Dónde quieres dármelo? Parecía leer mi mente,
sabía o intuía que no era en la boca el lugar donde yo quería dar mi
primer beso, durante unos segundos dudé si decirle el lugar donde deseaba
poner mis labios, me armé de valor y le dije: -Teresa, quiero
besarte... quiero besarte... En el último momento no
tuve valor para decirle que deseaba besar su vagina y de mis labios salió
una tenue voz diciendo: -Teresa, quiero besar tus
labios. Aunque en el fondo lo que
quería era besar su coño, nada más pensarlo hizo que mi pene se
empezara a poner mas que alegre. -Adelante Marcos ¡No te
cortes! Recuerda que eres mi marido. Como yo seguía más
cortado que un café con leche, Teresa cogió la iniciativa, se levantó
la falda dejando su minúscula braguita de seda color rojo al aire: -¿Qué haces Teresa? -Le dije haciéndome el ingenuo, cuando en realidad es lo que deseaba- -¿Cómo que hago? Te
ofrezco mi vulva para que beses mis labios, los labios de mi coño. ¿A
caso no son estos los labios que deseas besar? Desde esa alternativa no dudé ni un solo instante el disfrutar de mi tía Teresa e intentar olvidar a la desaprensiva de mi ex esposa. Sin temblarme las manos bajé sus braguitas que dejaron al descubierto su blanca y depilada vagina, ¡qué coño!, tenía unos labios hermosos y carnosos que no tenían nada que envidiar a los de su boca. Los bese, los sorbí y los lamí a conciencia, disfruté tanto al hacerlo, que debido a la abstinencia de sexo que arrastraba me corrí sin ni siquiera sacar mi pene de su lugar de pernocta ¡Qué corrida! Mi pantalón quedó perdido por el semen derramado, olvidamos por completo el plan de ir a cenar, a partir de ese momento no dejamos de hacer todo lo imaginable, el incesto con mi tía es totalmente consentido y desde ese día somos muy felices. Ni su marido ni su hija (mi prima) saben nada. Pero no tardarán en averiguarlo pues hemos decidido irnos a vivir juntos. *-*-* Comentarios: 10/07/2007 Aunque me ha gustado el relato no me creo que una tía, a esa edad esté tan buena y mucho menos que haga el amor tan bien como dices. Pedro desde Acapulco (Mexico).
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