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Relato Con
la excitación que tenía no me había dado cuenta de que aún llevaba
puesto el sujetador. Con los zapatos de tacón, las bragas quitadas y el
sujetador colocado estaba realmente excitante ¡Era una forma diferente de
vestir! Estaba muy sensual así, pero tenía ganas de ver al completo su
cuerpo desnudo y le dije: -Quítate el sujetador Penélope ¡Quiero ver tus pechos! -¡Ahora
mismo mi amor! Cierto
que es una forma de hablar, pero que me llamen mi amor hace que me ponga a
la defensiva, yo no quiero amor, no quiero ternura, lo único de persigo
es sexo ¡Nada más eso! La música no sonaba, pero ella inició
nuevamente el contoneo del baile sensual que también hace. El sujetador
se lo quitó lentamente y me lo lanzó hasta el sillón en el que me había
sentado, lo cogí y lo acerqué a mi nariz para inhalar el perfume de su
cuerpo. -¿Te gustan mis pechos Roberto? Son pequeñitos pero bien formados. -Son preciosos y me gustaría acariciarlos, chuparlos... -¡No
sé a qué estás esperando! Vestido
como estaba, mi pene empujaba en el pantalón, el bulto era considerable y
estaba deseando salir, Penélope al ver mi excitación sonrió clavando su
mirada en él, ya al alcance de sus apetecibles pechos los besé, lamí y
hasta chupé sus pezones, estábamos tan excitados que en ese momento
ambos estábamos preparados para realizar una penetración. -¿Penélope tienes preservativos? ¡Olvidé comprarlos! -¡No, yo no tengo! ¿Qué hacemos ahora? -Nada, no te preocupes haremos de todo pero sin llegar a la penetración. No será lo mismo pero hay que conformarse con lo que hay ¡Imagínate si quedaras embarazada! -¡No importaría! De hecho tengo pensado ser pronto mamá, no más tarde de los 22 años. -¿Cuántos tienes ahora Penélope? -Tengo 17 recién cumplidos ¡Es broma! Tengo 20 años, los cumplí la semana pasada. -¿Qué susto me has dado? ¡Mira que decir que tienes 17 años! -¿Si los tuviera qué pasaría? ¿Qué diferencia hay entre 17 ó 18 años? -Diferencia a nivel físico prácticamente ninguna, pero sabes muy bien que me podrías meter en un lío. Simplemente diciendo que te he forzado a este encuentro ¡Deja, deja...! Penélope
tomó la dirección del cuarto de baño contorneando exageradamente sus
caderas al tiempo que reía. Creo que aprovechó la ocasión diciendo que
necesitaba ir al cuarto de baño para que yo mirara en su bolso y buscara
en carné de identidad ¡Sin duda fue así! Ya que dejó el bolso de mano,
pero llevándose la bolsa que traía. Nada más desaparecer del salón,
abrí el bolso, busque la cartera y tomé en mis manos el carné ¡Qué
alivio! Efectivamente tiene 20 años, ahora ya me quedo tranquilo ¡Qué
velada! Me caliento y me enfrío a la velocidad de la luz. ¡Vuelve Penélope! -¿Te has quedado tranquilo, mi amor? -Sí querida, perdona el que te halla buscado la cartera en tu bolso. ¿Qué es eso que llevas en las manos? -Un succionador de Vagina. -Con
el nombre supongo para que sirve ¿Pero qué cometido tiene? Penélope
me explicó detalladamente el funcionamiento del succionador de vagina y
además me demostró el resultado de su aplicación. Ya había sentido
comentarios sobre él, pero nunca lo vi en funcionamiento. Una vez
colocado en la zona vaginal hizo presión sobre ella y comenzó a
presionar la perilla que iba unida al succionador este comenzó ha hacer
su trabajo y los labios vaginales, clítoris y hasta la vulva entera
crecieron en tamaño de una manera exagerada. -Penélope, me asustas ¿No te duele toda la zona genital? Parece como si te fuera a estallar ¿No sería más fácil masturbarse con un consolador tradicional? -No, me duele en absoluto y es el mejor consolador que he probado hasta el momento y te puedo asegurar que he probado muchos. El succionador consigue por sí solo que llegue al orgasmo sin necesidad de nada, ni nadie más ¡Me lo quitaré, ya estoy lista! Ahora tú lámeme el clítoris y aprovecha el jugo que segrega mi vagina. Una
vez terminado el ritual del succionado y el lamido por mi parte, Penélope
quedó relajada allí estirada en el sofá, sus genitales aún hinchados
eran provocadores, sobre todo teniendo en cuenta que yo todavía no me había
desnudado. No pude más y sin dejar de mirarle me despojé de todas mis
ropas menos los calzoncillos. Cuando por último llegó el momento de bajármelos
observé una gran mancha húmeda ¡Había eyaculado! Debido a la gran
excitación alcanzada lo había hecho sin ni siquiera tener que frotar mi
pene ¡Qué bien me sentía! Penélope mirándome sonreía y dice: -Supongo que sabes qué es hacer el 69 (sesentas y nueve) -¡Sí, cariño! Soy viejo, pero a ello llego ¿Lo hacemos? -¿Tú
qué crees mi amor? Allí
en el mismo sofá nos ensalzamos en los juegos eróticos que conllevan la
práctica de tan conocida manera de darse placer mutuamente. Nunca en mi
vida había disfrutado tanto del sexo como en aquella ocasión y eso sin
llegar a penetrar en la vagina o ano de mi compañera de juegos. Solamente
acariciando y siendo acariciado con nuestras lenguas y labios, sin olvidar
nuestras manos que también colaboraban para alcanzar el éxtasis en
aquella velada tan extraña. Yo eyaculé tres veces en su maravillosa boca
y ella llegó también en tres ocasiones al orgasmo en el cual segregaba
gran cantidad de jugos vaginales, que como ella tragué con sumo placer. -¿Lo has pasado bien Roberto, has disfrutado de mi cuerpo? -Si cariño, he disfrutado como nunca la había hecho ¡Eres poco menos que fantástica! -Gracias,
pero no seas exagerado ¡Yo también he disfrutado mucho contigo! ¿Necesitas
penetrarme? Tengo en la bolsa una caja de condones. La muy malvada pero simpática y hermosa mujer joven, me dijo que no tenía condones para ver si era capaz de resistir la velada sin forzarla a que se dejase penetrar. Cuando vio que no sólo aguantaba, sino que además había quedado satisfecho desistió en su prueba y me dijo que tenía condones para que así la velada fuera totalmente completa. -¿Lo
dices en serio? ¡Tú si que eres sensacional! Ninguno de los otros
hombres que he conocido pasó esta prueba ¡No me equivoqué contigo, me
gustas! Se
abalanzó a mi cuello y empezó a besarme casi con desesperación por
todas y cada una de las partes de mi cabeza. Repetía una y otra vez que
era el amor de su vida y eso me daba miedo ¡Mucho miedo! Ella por lo
joven que es tiende a enamorarse de todo bicho viviente. Pero yo no quiero
enamorarme ¡He tenido desengaños! No los quiero volver a sufrir. A parte
de que Penélope es una niña ¡Muy inteligente, eso sí! Pero una niña
comparada con mis 48 años de edad. -¡Deja
chiquilla! Me desgastarás con tantos besos. La
cargué sujetándola con mis brazos y la llevé así hasta el cuarto de baño,
ella agarrada a mi cuello no dejaba de besarme. Parecía como si me
conociera desde toda la vida. Nos dimos un baño relajante y nos fuimos a
la cama pasadas las 5 de la mañana del sábado. Se durmió en mis brazos
sin dejar de besarme y diciéndome lo mucho que empezaba a quererme y que
el flechazo que recibió en el restaurante estaba confirmado ¡Eres el
hombre de mi vida! No dije nada y dormí plácidamente junto a ella. Me
hacía falta descansar y reflexionar sobre lo que me estaba sucediendo ¡Donde
esté un sábado como éste, que se quiten los lunes! ¡Mañana será otro
día! -Penélope,
Roberto ¡Despertad! El desayuno está preparado. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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