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Relato Os
voy ha contar una historia sucedida allá por el año 1970 ¡Qué días
aquellos! Cuando yo contaba con la siempre bonita y perseguida edad de 16
años, observé algo que me dejó marcado satisfactoriamente para toda la
vida. Corría
el mes de noviembre, para ser más exacto el día 22 que era un domingo de
gran luminosidad. Ese día mis padres salieron muy temprano de viaje, se
desplazaron a una ciudad a Mis
hermanas se llaman Elsa y Paula, eran y siguen siendo dos mujeres muy
hermosas ¡Para mí, lo son! Os las describiré: Elsa
tenía una estatura de un metro y setenta centímetros de complexión
fuerte y musculosa ¡Vamos, que te daba un bofetón y te tiraba al suelo!
Pero no crean que era gorda ¡Era fuerte! Una mujer que gustaba tanto a
hombres como a mujeres, los rasgos de su cara eran dulces ¡Angelical, diría
yo! Con pelo corto de color negro azabache ¡En fin, una mujer de bandera!
Paula, era exactamente igual ¡Eran gemelas! Tenían 20 años muy
apetecibles ¡Qué puedo decir yo! Nos
habíamos levantado temprano para ser domingo ¡De hecho, siempre lo hacíamos!
Como si casi de un ritual se tratara, acostumbrábamos a salir a pasear y
ver salir el sol. Algunas horas hacían que nuestros padres habían salido
de viaje y por lo tanto ese día pasearíamos a nuestro gusto ¡No al de
ellos! Normalmente a ellos les apetecía ir a pasear a la montaña ¡A
nosotros, al mar! Pero como eran los que mandaban, se hacía lo que ellos
decían ¡Pero ese día no! Ese día hicimos lo que se nos antojó. Hasta
el faro que hay al final del rompeolas que protege el puerto nos acercamos
para ver amanecer. Ya
de regreso, en casa todos satisfechos por haber visto salir el sol desde
donde nosotros siempre habíamos querido hacerlo, nos dispusimos a bañarnos
para recuperarnos del esfuerzo dedicado, ya que fueron 5 horas de duro
caminar. Mi casa ¡Nuestra casa! Tenía 2 cuartos de baño, por lo tanto,
mis hermanas entraron en uno y yo en el otro para ducharnos. Yo como
travieso y joven adolescente ¡Siempre que podía! Espiaba a mis hermanas
para verlas lo más ligeras de ropa que podía. Pocas veces logré verlas
desnudas pero ese día como estábamos solos, le eche mucho valor y nada más
acabar de ducharme, aún vestido con sólo el calzoncillo entré en el
cuarto de baño donde estaban mis hermanas, sin llamar y con la excusa de
coger un peine ya que en el otro aseo no había. -¡Hola,
necesito un peine! Las
dos estaban frente al espejo y ya se habían puesto las bragas y el
sujetador. Sus nalgas eran muy apetecibles de buenas ganas se las hubiera
tocado, pero me dio miedo ya que se podían enfadar y darme un revolcón
(paliza). Fue entrar y pegarme una bronca como nunca lo habían hecho ¡Claro,
nunca entré sin llamar! Me dieron el peine y abochornado como pude salí
desapareciendo de la presencia de esas dos hermosas pero enérgicas
mujeres. Cuando
mi corazón recobró la normalidad y comenzó a latir como era debido ¡Caí
en lo sucedido! Y a mi mente vino la imagen de la mano de mi hermana Elsa
en el culo de mi hermana Paula ¿Qué hacía allí? No me hubiera extrañado
si la mano la hubiera tenido por fuera de las bragas, hubiera entendido
que era una simple caricia ¿Pero por qué la tenía por dentro? Ahora en
lugar de valor, le eché morro y cuando estábamos sentados a la mesa le
pregunté: -¿Elsa,
qué hacía tu mano en el culo de Paula? La
contestación era de esperar ¡A ti qué te importa! Seguimos comiendo los
tres en silencio, en el ambiente se respiraba tensión ¿Qué pensarían
ellas? Supongo que por sus cabezas pasarían reflexiones de lo que yo
pensaba o entendía de lo sucedido. No habíamos terminado los postres
cuando ambas dijeron: -Estamos
agotadas, nos vamos a nuestra habitación para descansar un rato ¡No nos
molestes! Ellas
parecían saber o intuir que en cuanto entraran en su habitación yo las
seguiría y entraría para ver lo que es lo que hacían. Así lo hice, no
habían pasado ni cinco minutos de su partida cuando yo sin llamar,
sigilosamente abrí la puerta y entré en la habitación ¡Qué sorpresa!
Estaban acostadas en la misma cama y besándose, estaban tan inmersas en
sus juegos eróticos que no se percataron de mi presencia. Cerré y me
escondí tras un biombo y desde allí las observé durante más de 30
minutos. En aquellos tiempos no sabía mucho de mujeres ¡Ahora tampoco!
Pero si había hablado con algunos compañeros de escuela de que habían
mujeres a las que les gustaban las mujeres y que se llamaban lesbianas,
bolleras, tortilleras etc. Había sentido esto y aquello... pero lo que
disfruté en esos 30 minutos fueron imágenes que había que verlas para
creerlas. Una de las que más me excitaron fue la introducción del puño
de Elsa en la vagina de Paula, en esos momentos no entendía nada, pero
pasado el tiempo comprendí que era una forma de hacer que Paula
disfrutara al tiempo que lo hacía ella. Como era natural para un muchacho
de 16 años, no pudo aguantar tal excitación y re corrió en repetidas
ocasiones por tan sensual visión. Puse el biombo perdido de semen debido
a las eyaculaciones que tuve, no lo podía dejar así y lo limpié con
unas bragas de unas de mis hermanas ¡No sé de cual! Aún la conservo con
su aroma y con mi semen reseco ¡Es un fetiche! Como pude salí de la
habitación sin que me vieran. Desde ese día las observé y me di cuenta de que mis hermanas eran lesbianas, ya que nunca las vi salir con hombre alguno ¡Pero sí con mujeres! Ahora en la actualidad viven juntas en su casa y tienen dos compañeras. Las cuatro se llevan muy bien ¡Es raro, pero es cierto! Cuatro mujeres viviendo juntas y que aguanten más de 10 años es todo un logro. Cuando las visito les pregunto ¿Todavía hacéis el juego del puño! Sí, lo hacemos me contestan riendo ¿Pero tú cómo lo sabes? *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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