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Relato ¿Qué
se puede decir de tres lesbianas? Que cuando están juntas es un trío de
lesbianas, ni más ni menos, ¡qué aguda! Bueno, me dejaré de coñas y
pasaré a explicarles mi historia de amor o de sexo, como ustedes quieran.
Ya se sabe, no hay sexo sin amor, y no hay amor sin sexo. Lo demás es
puro mercantilismo, aunque pensándolo bien, ¡todo en esta vida es
mercantilismo! ¿O no? Amanda
es amiga de Cándida y yo de ellas dos. Que para acabarlo de arreglar me
llamo Dominga, ¿bonito nombre verdad? La verdad es que a mí me gusta,
además hace honor a mi físico, ¡tengo dos muy buenas! Amanda también,
¡también las tiene muy buenas! Cándida por el contrario, no es que no
las tenga buenas, ¡que lo son! Es que las tiene algo más recogiditas que
Amanda y yo. De todas manera a las dos nos encanta Cándida, es una mujer
muy, pero que muy tierna, ¡es una dulzura! Venga, una vez presentadas os
diré de qué va esto. Hace
mucho, mucho tiempo atrás (joder, parece un cuento americano) tres chicas
nacieron allá por los años 70, ¡sí, del siglo 20! Para ser más
puntual, la que se hace llamar Amanda nació el Como
ya habréis podido deducir, habiendo nacido en la misma ciudad y teniendo
la misma edad, teníamos posibilidades de conocernos algún día, ¡Que
tontería, acabo de escribir! Si hubiéramos sido de diferentes edades, o
vivido en diferentes lugares también no podríamos haber conocido, ¿verdad?
Pero el caso es que ya desde pequeñas nos conocimos en la misma guardería.
Las tres conocimos a nuestra primera maestra, casi nuestra madre,
Patricia, que así se llamaba (por cierto, ya murió y descansa en paz)
pasaba con nosotras más horas que nuestras respectivas madres, ¡ya se
sabe, el trabajo es el trabajo! Desde
pequeñas, ya en la guardería nos entendíamos a la perfección, siempre
estábamos juntas, ¡parecíamos una banda! Eso no quiere decir nada para
el hecho de que ahora seamos lesbianas, ¡Faltaría más! Si todas las
chicas que en su juventud son amigas inseparables fueran lesbianas, ¡pobre
de la especie humana! No, el lesbianismos lo practicamos juntas desde hace
dos años, tanto Amanda como Cándida han tenido relaciones con hombres,
he sido yo la que no las ha tenido, ¡y de momento, ni ganas! Aunque hay
un dicho muy popular que dice: “no digas de esta agua no he de beber”
Es cierto, eso puede dar lugar a que te crezca la nariz, ¡sí, como a
pinocho por decir mentiras! Bueno, rectifico, no las he tenido y si se da
el caso, y en ese momento me apetece, las tendré. Como
es natural los ciclos pasan, fuimos creciendo y de nuestra madre adoptiva,
sin casi sin saber decir su nombre pasamos a la escuela preescolar, luego
a la primaria... y por último a la universidad. Ese es el ciclo más
reciente, ¡si es que todavía somos unas niñas! Cándida eligió la
carrera de derecho, Amanda la de Química y yo la de Mecánica. Fue
durante el tiempo de los estudios de nuestras respectivas carreras en el
que nos distanciamos algo, ¡tampoco mucho! Durante cinco años apenas nos
veíamos una vez por semana, tiempo que aprovechábamos para contarnos
todas nuestras aventuras, ellas lo que hacían con los chicos, y yo lo que
hacía con las chicas. Siempre se reían y me decían que era una golfa y
que no podía pasar sin las mujeres. A ellas siempre las respeté, nunca
intenté convencerlas para que se lo hicieran conmigo, ¡Es cierto! Yo les
preguntaba a ellas, ¿podéis pasar vosotras sin los chicos? Entonces
ellas, recapacitaban y me pedían perdón por llamarme golfa. Siempre nos
hemos llevado muy bien. Llegó
el día, Amanda fue la primera en casarse, en su boda fue cuando le di el
primer beso en la boca. Cosa que hice tras pedirle permiso, ella con lágrimas
en los ojos me dijo que no hacía falta haberle pedido permiso, que yo era
como era y que no tenía que pedir perdón por nada, y menos por darle un
beso en la boca. Beso que por cierto contestó con otro intenso con lengua
incluida. ¡Fue sensacional y muy excitante! Amanda
duró casada exactamente 1 año, que fue el que tardó en casarse Cándida.
Boda a la que no pude asistir, ya que la familia del novio de Cándida sabía
por ella de mis tendencias lésbicas, le prohibieron que me invitaran.
Amanda como lo sabía declinó la asistencia a la misma. Una semana antes,
las tres solas celebramos la despedida de soltera de Cándida y la llegada
como divorciada de Amanda. Éramos un trío muy peculiar, en ese momento
una futura casada, una futura divorciada y una soltera, ¡Vaya tela! La
fiesta la dimos por zanjada besándonos efusivamente las tres en la boca. Durante
los tres meses que duró el estado de casada de Cándida, Amanda y yo no
fuimos a vivir juntas a mi piso de soltera. En el que recibimos con las
manos abiertas a Cándida. Fue ella la que nos dio pie a que nos convirtiéramos
en un trío de lesbianas. A las dos les gustan los hombres, pero cada vez
se sienten más a gusto viviendo juntas. Hacemos de todo, todo lo
compartimos, ya han pasado dos años, y de la práctica del sexo hemos
pasado al cariño. Cada día hay más y más amor entre nosotras. Estamos
pensando en la posibilidad de tener un hijo cada una, pero es una decisión
que tenemos que meditar. Colorín, colorado, espero que esta nuestra historia les haya interesado. Aunque no haya habido sexo puede que les haya intrigado. El sexo ya sabéis, ¡lo de siempre! ¿Qué os puedo contar? *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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