La mujer de la curva

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: La mujer de la curva
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Mujer
Actores: Mujer, Narrador
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - Paranormal
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

El día era frío y soplaba un viento gélido, que junto a la tormenta cada vez más cerca de mi posición hacían que presagiaran un día de esos que llaman, ¡días de perros! Había ido al bosque que hay junto a la ladera del río. El sol empezaba a caer entre las montañas, el color rojizo contrastaba con la oscuridad de la tormenta que se aproximaba. La noche ganaba terreno al día, comenzaba a oscurecer rápidamente, tenía que darme prisa en encontrar un lugar para montar la tienda de campaña si no quería sufrir algún percance, ya que ese día era de los que no se vería nada, porque la luna estaba en fase nueva que es cuando apenas ves algo por las noches, ¿lo han comprobado? Y eso sin contar la oscuridad de la tormenta, les aseguro que andar por las noches en plena montaña en un día como el que les describo es una verdadera temeridad, ya que puedes dar con tus huesos en cualquier barranco sin darte cuenta, y una caída en la montaña no es una caída leve, ¡las consecuencias pueden ser catastróficas!  

Ocurrió algo que no parecía normal, o por lo menos yo nunca lo había visto. En dos minutos se hizo la oscuridad casi absoluta, tuve que parar de andar para buscar la linterna en mi mochila. Linterna en mano realicé un giro de 360 grados inspeccionando el terreno, allí mismo decidí plantar la tienda de campaña. Corriendo el riesgo de que si la tormenta era fuerte me pudieran arrastrar sus aguas hasta el cauce del río, ¡no podía hacer otra cosa! Dicho y hecho, fue pensar que habría tormenta, ¡y cómo no! Un rayo impactó en la cima de la montaña. Las cosas se empezaban a poner más que feas, se estaban poniendo terriblemente peligrosas. El rayo pareció dar la orden, la lluvia inició su caída con tremenda fuerza, y yo allí, debajo de aquel cielo negro alumbrado por momentos por la inmensa luz de los relámpagos. Me disponía a empezar la tarea de montar la tienda cuando... ¿Qué es eso? Allí, al fondo, una silueta, ¿de qué? Parece una persona, para ser más preciso una mujer, ¿pero qué hace una mujer vestida así en la montaña?  Esperé al siguiente relámpago para verla mejor, ¡no era una confusión! No era un árbol, era una mujer vestida con un traje de noche blanco. Le hice una señal con la linterna, pero ella estaba inmóvil mirándome fijamente, ¡no se inmutaba! Ni los crujidos de los rayos, ni el sonido de los truenos, ni la fuerza del agua cayendo sobre su cuerpo la hacían perturbarse. Me acerqué unos metros con el ánimo de ver que es lo que quería, pero ella se separó la misma distancia que yo me acerqué, ¡no parecía tener intención de hablar conmigo! Aunque por otra parte, de haber querido hablar, no nos hubiéramos entendido debido al ensordecedor sonido de la tormenta, ¡daban miedo! Sí, los rayos, los truenos, esa inmensa tromba de agua, ¡y cómo no! esa misteriosa mujer. No soy persona que se asuste fácilmente, pero aquella situación no era nada normal, cualquier persona se hubiera acercado para hablar, ¡pero ella no, ella se separó! Por un momento la tormenta enmudeció, dejando el bosque en una tenebrosa oscuridad, sólo irrumpida por el pequeño foco de mi linterna, la dirigí hasta donde esa misteriosa figura estaba, ¡no la encontré! Como por arte de magia al igual que la tormenta había desaparecido, pero la desaparición de la tormenta fue un espejismo los rayos de nuevo empezaron a descargar su furia. La mujer desapareció, y decidí montar la tienda para guarecerme de la lluvia, ¡así lo hice! Dentro de mi pequeña tienda de campaña, guarecido del frío y del diluvio que caía, esperé a que pasara la tormenta. Estaba preocupado por la visión que había tenido, pero aún lo estaba más por la crecida del río y por la posición desconocida que ocupaba mi tienda. El sonido de las aguas enfurecidas río abajo eran cada vez más y mas fuerte. Sólo me quedaba esperar y pedirle a la madre naturaleza que dejara de llover, ¡que dejara de tronar!, de decirle por si escuchaba que era joven, demasiado joven para dejar este maravilloso mundo. Pero mis súplicas no fueron escuchadas, el enésimo crujido de un rayo cayo no muy lejos de mí, tuve suerte y no me tocó, la lluvia arreció. Estaba tan preocupado que abrí un poco la cremallera de mi frágil tienda para ver que estaba sucediendo fuera, el panorama era estremecedor, cuando los relámpagos me daban la posibilidad de ver la zona observé que estaba en medio de una rambla de agua que si seguía de esa manera se convertiría en parte del río y daría con mis huesos en el mar, ¡tenía tanto miedo! De nuevo un relámpago alumbró, el bosque, al fondo me pareció ver nuevamente a la misteriosa mujer, pero que en esta ocasión me hacía un gesto como diciendo que fuera hacia ella. Mi temor por ser arrastrado por las aguas era tal, que recogí la mochila y me dirigí hacia donde estaba. Ella como punto de referencia me guiaba, los relámpagos me alumbraban para poder llegar, ¡lo hice! Llegué hasta el lugar pero la chica ya no estaba, en su posición vislumbré un camino que llevaba hasta una cabaña, ¡qué suerte! Estaba salvado, por lo menos es lo que pensé en ese momento. Cuando llegué a la altura de lo que pensaba que era una cabaña, era una gran piedra a un lado del camino. No podía hacer otra cosa que seguir andando aprovechando la enorme intensidad de la luz provocada por los relámpagos, así lo hice durante más de una hora, nunca había visto una tormenta que durara tanto y tan intensamente. Cuando ya estaba abatido nuevamente vi a la misteriosa mujer que me animaba ira hacia ella, ¡qué podía hacer! La seguí hasta el lugar donde estaba situada. Cuando llegaba hasta donde la había visto, ella estaba más y más lejos, empezaba a tener síntomas de agotamiento. Estaba seguro de que quería que la siguiera, ¿para qué, por cuánto tiempo? Pronto salí de mi desconcierto, después de dos horas de duro caminar por caminos encharcados, llegué hasta donde ella quería. Una vez a su altura, esta vez no desapareció, me miró y sonriendo señaló con su dedo índice, dirigí la mirada hacia donde señalaba, ¡que horror! Un coche accidentado con personas en su interior, gire mi cabeza para hablar con tan extraña mujer, ¡oh sorpresa! De nuevo había desaparecido, por el momento la olvidé. Bajé hasta donde estaba el coche para ver que es lo que podía hacer por sus ocupantes. En su interior cuatro personas, tres chicas y un chico, los tres ocupantes sentados en la parte trasera parecían estar muertos, el conductor tenía una gran herida en el pecho a la altura del esternón, le tomé el pulso y la di por muerta. En es momento me pregunté, ¿por qué no estoy tranquilo ni en un día de fiesta? En ese momento el estruendo provocado por un rayo me sobresaltó, nuevamente vi a la mujer que señalaba a los ocupantes de la parte posterior ¿Qué es lo que quería? Si quería algo, ¿por qué no hablaba? Me acerqué a ellos, para asegurarme de que efectivamente estaban muertos, al tocar al primero llegó a mi nariz un fuerte olor a gasolina. Le tomé el pulso y aún estaba vivo, hice lo propio con los otros dos y también lo estaban. Con gran esfuerzo los saqué del coche y los trasladé lo más lejos que pude. En último lugar intenté sacar el cadáver, ¡no pude, estaba atrapado por las piernas! Lo siento, no puedo sacarte le dije impotente, en ese momento giró su cabeza, pude ver su rostro ensangrentado!, abrió los ojos y dijo:  

-Gracias doctor, has salvado a mis tres hijos, ahora márchate que un rayo caerá sobre el coche y explotará.  

Mi corazón palpitó a gran velocidad. Pensé que debido al gran cansancio que llevaba acumulado empezaba a alucinar, pero algo en mi interior me decía que me retirara de aquel coche, ¡así lo hice! En el mismo instante de llegar hasta donde tenía a los tres heridos, un rayo cayó sobre el coche provocando la explosión de éste. La tormenta se encargó en pocos minutos de apagar el incendio. Allí, exhausto, con tres personas inconscientes y sin saber en el lugar exacto en el que estaba intenté llamar por teléfono, pero debido a la tormenta o simplemente por que en ese lugar no había cobertura no pude contactar con nadie. Sentado junto a ellos esperé hasta el amanecer, ¡qué noche! La tormenta no amainó hasta poco antes de amanecer, les tomaba el pulso y estaban vivos, los tres parecían estar en coma, era muy extraño, pero lo más increíble de todo es que la extraña mujer estaba mirando desde una distancia corta pero sin acercarse. El sueño me venció cuando la miraba fijamente a los ojos. Podía ver sus ojos, ¡pero no su cara! Desperté por la mañana cuando los rayos del sol calentaban mi cuerpo, sorprendido miré para un lado, miré para otro y reconocí el sitio, no estaba lejos del lugar donde había plantado la tienda, estaba seguro de que había estado andando en círculo, estaba en un montículo lejos del peligro. De haberme quedado en ese emplazamiento si lugar a dudas hubiera perecido. ¡Qué extraño! No había restos del coche quemado, no habían heridos, ¿Qué había pasado? Alcé la vista en dirección al sol, y al lado izquierdo en la curva de una carretera, iluminada por los reflejos vi a la misteriosa mujer que se despedía como dándome las gracias, ¿salvé yo a sus hijos? ¿Me salvó ella a mí? ¡Creo que nunca lo sabré! Busqué la tienda de campaña, pero no la encontré.  

Días después llevado por la curiosidad indagué y justamente en ese lugar hacía algunos años había habido un accidente de tráfico en el que cuatro personas habían perdido la vida al caer el coche por un terraplén y posteriormente incendiase. Al enterarme de lo sucedido el cosquilleo hizo presencia en mi vientre. Aquello que me pasó era algo similar a lo que dicen que sucede en muchas partes del mundo. Dicen, comentan que una chica que tuvo un accidente en la curva de una carretera se aparece para avisar a los conductores de que tengan cuidado. ¡Ahí lo dejo! ¿La chica de la curva?

*-*-*

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