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Relato El
día era frío y soplaba un viento gélido, que junto a la tormenta cada
vez más cerca de mi posición hacían que presagiaran un día de esos que
llaman, ¡días de perros! Había ido al bosque que hay junto a la ladera
del río. El sol empezaba a caer entre las montañas, el color rojizo
contrastaba con la oscuridad de la tormenta que se aproximaba. La noche
ganaba terreno al día, comenzaba a oscurecer rápidamente, tenía que
darme prisa en encontrar un lugar para montar la tienda de campaña si no
quería sufrir algún percance, ya que ese día era de los que no se vería
nada, porque la luna estaba en fase nueva que es cuando apenas ves algo
por las noches, ¿lo han comprobado? Y eso sin contar la oscuridad de la
tormenta, les aseguro que andar por las noches en plena montaña en un día
como el que les describo es una verdadera temeridad, ya que puedes dar con
tus huesos en cualquier barranco sin darte cuenta, y una caída en la
montaña no es una caída leve, ¡las consecuencias pueden ser catastróficas! Ocurrió
algo que no parecía normal, o por lo menos yo nunca lo había visto. En
dos minutos se hizo la oscuridad casi absoluta, tuve que parar de andar
para buscar la linterna en mi mochila. Linterna en mano realicé un giro
de 360 grados inspeccionando el terreno, allí mismo decidí plantar la
tienda de campaña. Corriendo el riesgo de que si la tormenta era fuerte
me pudieran arrastrar sus aguas hasta el cauce del río, ¡no podía hacer
otra cosa! Dicho y hecho, fue pensar que habría tormenta, ¡y cómo no!
Un rayo impactó en la cima de la montaña. Las cosas se empezaban a poner
más que feas, se estaban poniendo terriblemente peligrosas. El rayo
pareció dar la orden, la lluvia inició su caída con tremenda fuerza, y
yo allí, debajo de aquel cielo negro alumbrado por momentos por la
inmensa luz de los relámpagos. Me disponía a empezar la tarea de montar
la tienda cuando... ¿Qué es eso? Allí, al fondo, una silueta, ¿de qué?
Parece una persona, para ser más preciso una mujer, ¿pero qué hace una
mujer vestida así en la montaña? Esperé
al siguiente relámpago para verla mejor, ¡no era una confusión! No era
un árbol, era una mujer vestida con un traje de noche blanco. Le hice una
señal con la linterna, pero ella estaba inmóvil mirándome fijamente, ¡no
se inmutaba! Ni los crujidos de los rayos, ni el sonido de los truenos, ni
la fuerza del agua cayendo sobre su cuerpo la hacían perturbarse. Me
acerqué unos metros con el ánimo de ver que es lo que quería, pero ella
se separó la misma distancia que yo me acerqué, ¡no parecía tener
intención de hablar conmigo! Aunque por otra parte, de haber querido
hablar, no nos hubiéramos entendido debido al ensordecedor sonido de la
tormenta, ¡daban miedo! Sí, los rayos, los truenos, esa inmensa tromba
de agua, ¡y cómo no! esa misteriosa mujer. No soy persona que se asuste
fácilmente, pero aquella situación no era nada normal, cualquier persona
se hubiera acercado para hablar, ¡pero ella no, ella se separó! Por un
momento la tormenta enmudeció, dejando el bosque en una tenebrosa
oscuridad, sólo irrumpida por el pequeño foco de mi linterna, la dirigí
hasta donde esa misteriosa figura estaba, ¡no la encontré! Como por arte
de magia al igual que la tormenta había desaparecido, pero la desaparición
de la tormenta fue un espejismo los rayos de nuevo empezaron a descargar
su furia. La mujer desapareció, y decidí montar la tienda para
guarecerme de la lluvia, ¡así lo hice! Dentro de mi pequeña tienda de
campaña, guarecido del frío y del diluvio que caía, esperé a que
pasara la tormenta. Estaba preocupado por la visión que había tenido,
pero aún lo estaba más por la crecida del río y por la posición
desconocida que ocupaba mi tienda. El sonido de las aguas enfurecidas río
abajo eran cada vez más y mas fuerte. Sólo me quedaba esperar y pedirle
a la madre naturaleza que dejara de llover, ¡que dejara de tronar!, de
decirle por si escuchaba que era joven, demasiado joven para dejar este
maravilloso mundo. Pero mis súplicas no fueron escuchadas, el enésimo
crujido de un rayo cayo no muy lejos de mí, tuve suerte y no me tocó, la
lluvia arreció. Estaba tan preocupado que abrí un poco la cremallera de
mi frágil tienda para ver que estaba sucediendo fuera, el panorama era
estremecedor, cuando los relámpagos me daban la posibilidad de ver la
zona observé que estaba en medio de una rambla de agua que si seguía de
esa manera se convertiría en parte del río y daría con mis huesos en el
mar, ¡tenía tanto miedo! De nuevo un relámpago alumbró, el bosque, al
fondo me pareció ver nuevamente a la misteriosa mujer, pero que en esta
ocasión me hacía un gesto como diciendo que fuera hacia ella. Mi temor
por ser arrastrado por las aguas era tal, que recogí la mochila y me
dirigí hacia donde estaba. Ella como punto de referencia me guiaba, los
relámpagos me alumbraban para poder llegar, ¡lo hice! Llegué hasta el
lugar pero la chica ya no estaba, en su posición vislumbré un camino que
llevaba hasta una cabaña, ¡qué suerte! Estaba salvado, por lo menos es
lo que pensé en ese momento. Cuando llegué a la altura de lo que pensaba
que era una cabaña, era una gran piedra a un lado del camino. No podía
hacer otra cosa que seguir andando aprovechando la enorme intensidad de la
luz provocada por los relámpagos, así lo hice durante más de una hora,
nunca había visto una tormenta que durara tanto y tan intensamente.
Cuando ya estaba abatido nuevamente vi a la misteriosa mujer que me
animaba ira hacia ella, ¡qué podía hacer! La seguí hasta el lugar
donde estaba situada. Cuando llegaba hasta donde la había visto, ella
estaba más y más lejos, empezaba a tener síntomas de agotamiento.
Estaba seguro de que quería que la siguiera, ¿para qué, por cuánto
tiempo? Pronto salí de mi desconcierto, después de dos horas de duro
caminar por caminos encharcados, llegué hasta donde ella quería. Una vez
a su altura, esta vez no desapareció, me miró y sonriendo señaló con
su dedo índice, dirigí la mirada hacia donde señalaba, ¡que horror! Un
coche accidentado con personas en su interior, gire mi cabeza para hablar
con tan extraña mujer, ¡oh sorpresa! De nuevo había desaparecido, por
el momento la olvidé. Bajé hasta donde estaba el coche para ver que es
lo que podía hacer por sus ocupantes. En su interior cuatro personas,
tres chicas y un chico, los tres ocupantes sentados en la parte trasera
parecían estar muertos, el conductor tenía una gran herida en el pecho a
la altura del esternón, le tomé el pulso y la di por muerta. En es
momento me pregunté, ¿por qué no estoy tranquilo ni en un día de
fiesta? En ese momento el estruendo provocado por un rayo me sobresaltó,
nuevamente vi a la mujer que señalaba a los ocupantes de la parte
posterior ¿Qué es lo que quería? Si quería algo, ¿por qué no
hablaba? Me acerqué a ellos, para asegurarme de que efectivamente estaban
muertos, al tocar al primero llegó a mi nariz un fuerte olor a gasolina.
Le tomé el pulso y aún estaba vivo, hice lo propio con los otros dos y
también lo estaban. Con gran esfuerzo los saqué del coche y los trasladé
lo más lejos que pude. En último lugar intenté sacar el cadáver, ¡no
pude, estaba atrapado por las piernas! Lo siento, no puedo sacarte le dije
impotente, en ese momento giró su cabeza, pude ver su rostro
ensangrentado!, abrió los ojos y dijo: -Gracias
doctor, has salvado a mis tres hijos, ahora márchate que un rayo caerá
sobre el coche y explotará. Mi
corazón palpitó a gran velocidad. Pensé que debido al gran cansancio
que llevaba acumulado empezaba a alucinar, pero algo en mi interior me decía
que me retirara de aquel coche, ¡así lo hice! En el mismo instante de
llegar hasta donde tenía a los tres heridos, un rayo cayó sobre el coche
provocando la explosión de éste. La tormenta se encargó en pocos
minutos de apagar el incendio. Allí, exhausto, con tres personas
inconscientes y sin saber en el lugar exacto en el que estaba intenté
llamar por teléfono, pero debido a la tormenta o simplemente por que en
ese lugar no había cobertura no pude contactar con nadie. Sentado junto a
ellos esperé hasta el amanecer, ¡qué noche! La tormenta no amainó
hasta poco antes de amanecer, les tomaba el pulso y estaban vivos, los
tres parecían estar en coma, era muy extraño, pero lo más increíble de
todo es que la extraña mujer estaba mirando desde una distancia corta
pero sin acercarse. El sueño me venció cuando la miraba fijamente a los
ojos. Podía ver sus ojos, ¡pero no su cara! Desperté por la mañana
cuando los rayos del sol calentaban mi cuerpo, sorprendido miré para un
lado, miré para otro y reconocí el sitio, no estaba lejos del lugar
donde había plantado la tienda, estaba seguro de que había estado
andando en círculo, estaba en un montículo lejos del peligro. De haberme
quedado en ese emplazamiento si lugar a dudas hubiera perecido. ¡Qué
extraño! No había restos del coche quemado, no habían heridos, ¿Qué
había pasado? Alcé la vista en dirección al sol, y al lado izquierdo en
la curva de una carretera, iluminada por los reflejos vi a la misteriosa
mujer que se despedía como dándome las gracias, ¿salvé yo a sus hijos?
¿Me salvó ella a mí? ¡Creo que nunca lo sabré! Busqué la tienda de
campaña, pero no la encontré. Días después llevado por la curiosidad indagué y justamente en ese lugar hacía algunos años había habido un accidente de tráfico en el que cuatro personas habían perdido la vida al caer el coche por un terraplén y posteriormente incendiase. Al enterarme de lo sucedido el cosquilleo hizo presencia en mi vientre. Aquello que me pasó era algo similar a lo que dicen que sucede en muchas partes del mundo. Dicen, comentan que una chica que tuvo un accidente en la curva de una carretera se aparece para avisar a los conductores de que tengan cuidado. ¡Ahí lo dejo! ¿La chica de la curva? *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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