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Relato Aquella
mujer de gran culo me traía por la calle de la amargura, no crean que era
la vecina, la compañera de trabajo o la panadera del barrio, ¡no, era mi
esposa! Tenía un culo de lo más apetecible, y no me refiero a sus nalgas
o cachetes, ¡para nada! Estoy haciendo referencia de su ano, era la mayor
fantasía que deseaba ver cumplida en mi vida sexual y por ende
matrimonial. Deseaba penetrarla por ese maravilloso agujero negro de su
universo, ¡el ano! pero ella se resistía y digo se resistía porque nada
más proponérselo solicitó el divorcio, ¿hay motivo para tanto? Por lo
visto para ella lo había, me puso a caer de un burro el día que se lo
propuse y tuve que dormir en el sofá, ¡será mojigata! Llevo
ahora más de dos años de vida tranquila y sosegada viviendo mi soledad
consentida. No hecho de menos a mi esposa como compañera, pero si la
recuerdo por lo excitante que era penetrar aquella vagina de mujer gorda,
¡para mí, fantástica! Que por un aquí, quítame aquellas pajas me mandó
de paseo. ¿Había motivos para pedir el divorcio? Yo tan sólo le pedí
que se dejara poner una lavativa o enema en su ano, para así una vez
limpio su recto poderla penetrar sin retención alguna, ¡la higiene, es
la higiene! En honor a la verdad, y en su descargo he de decir que nuestra
vida como pareja iba de mal en peor y no parábamos de discutir. Unas
veces era el culpable yo, y en otras ella, pero sea como sea la cosa no
funcionaba bien. Ayer
por casualidad durante la celebración de una fiesta me di de bruces con
mi antigua compañera, ¡me sentí hundido! Estaba espléndida, hasta me
costó reconocerla por la gran cantidad de kilos que había perdido, pero
eso no es lo que me hundió. Iba agarrada de la mano, agarrada como sólo
las parejas lo hacen, agarrada del que fue su abogado durante el proceso
de nuestra separación. Eso me dio en qué pensar, ¿no me estaría engañando
con ese sujeto cuando me pidió el divorcio? En ese momento empecé a
entender el motivo por el que esa gorda y astuta mujer no me pidió nada y
hasta me dejó para mí la casa en la que vivo, ¡sentía remordimientos!
Gorda perversa, ¡qué digo gorda! Si ahora parece una modelo de pasarela.
Nos miramos fugazmente y ni siquiera nos dirigimos la palabra, en cuanto
pude me marché, no podía seguir allí, ¡me sentía violento! Llegué a casa triste y abatido por desenterrar nuevamente la herida, triste por no tenerla y abatido por haberla visto en manos de otro hombre. En el fondo, aunque en estos momentos la odio, la sigo queriendo, ¡seré idiota! Si como dice el refrán, “el amor de mujer, con mujer se olvida”. No era la solución pero me puse manos a la obra, solicité los servicios de una chica de compañía para que viniera a casa y hacer lo que me había resistido a hacer hasta ese momento, “un griego”, ¡vamos, darle por el ano! La broma no me resultó barata y además durante el tiempo que estuvo esa profesional entre mis manos no dejé de pensar en mi amor primero, ¡mi fantástica gorda, ahora modelo! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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